Y como última nota cultural en mi visita a esta bonita ciudad costera del Caribe, debo añadir que este fue el último lugar de descanso del infame bastardo William Walker. Para los que han viajado a América Central o leen una guía sobre esto, seguramente ya han oído hablar de este personaje.

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William Walker llegó desde el sur del estado y al parecer, pensó que su deber era dominar el mundo (¿será un lejano antepasado de la familia Bush?).

Sin entrar en demasiado detalle, este hombre invadió Costa Rica, Nicaragua, México y Honduras. Cuento corto, este fue una especie de dictador que robó a manos llenas y todavía se proclamó a si mismo presidente del país, confiscando buques y introduciendo la esclavitud. Para variar, el gobierno de Estados Unidos reconoció su gobierno.

Lo interesante de todo este asunto, es que este codicioso villano finalmente conoció a gente de su calaña en Trujillo, donde las menos benévolas autoridades británicas que gobernaban el norte de Honduras y Nicaragua no lo deportaron como solían hacerlo otras veces desde otros territorios, sino que fue entregado a las autoridades locales, quienes lo ejecutaron por un pelotón de fusilamiento.

La sangrienta y violenta historia de participación de Estados Unidos en América Latina hace que sea aún más sorprendente y entrañable para los habitantes de Estados Unidos recibir la bienvenida de un lugar como Trujillo, donde se cometieron tantos abusos y ataques gratuitos hacia gente inocente, que hoy los recibe de buena gana y todavía los atiende. Este es un viaje que nunca olvidaré.

Vía: travelblog, Foto: flickr

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