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En Honduras, hay lugares donde se puede experimentar la adrenalina pura, experimentar los deportes extremos y conocer a la vez la belleza de la fauna silvestre.

Por los rápidos del Río Plátano, es posible bajar en balsa y conocer la selva más grande de América. Estas expediciones que se hacen por La Mosquitia, las lidera un hondureño que tiene por profesión la ingeniería forestal. Como parte de su ADN, se puede ver fácilmente que es un amante de la naturaleza, por el modo en que defiende a muerte todo lo que comprende la selva misquita, que es además, la segunda selva más grande de América.

Para tomar una excursión por la selva, hay que dirigirse a La Ceiba, o Tegucigalpa, que es el punto de partida de estas aventuras. Una vez en estos lugares, se debe atravesar Olancho y llegar a Bonanza, en Colón, lugar donde se debe alquilar mulas para que ayuden a llevar la carga hacia los nacimientos del Río Plátano.

La caminata desde Bonanza a Waraská, dura unas 8 horas, y la navegación en balsa, demora unos 7 días, hasta que se llega a Las Marías en Gracias a Dios. La expedición implica dormir cada noche en un lugar distinto, a las orillas del Río Plátano.

Por el trayecto, es fácil ver tapires, nutrias, venados, guaras rojas y verdes, tucanes, pájaros campana o loras, además de, paisaje compuesto por la selva virgen, que en algunos lados está en vías de recuperación.

Dependiendo del viajero, se puede conocer lugares interesantes si se atreve a hacer las caminatas a campo traviesa, siguiendo el curso de las quebradas. También se pueden aventurar escalando algunas montañas o visitando cuevas con restos arqueológicos.

La aventura es poderosa, y requiere fuerza para atravesar obstáculos como un famoso subterráneo: un cañón de un kilómetro de largo con peñas gigantescas y aguas bravas. Pasando este subterráneo, las aguas se calman y es posible ver bastante fauna silvestre. Ya en el último día de navegación es posible encontrar misteriosos petroglifos de Walpaulbantara y Walpaulbansirpe, con vistas panorámicas del legendario Pico Dama.

La ruta de navegación termina en Las Marías, donde los viajeros pueden dormir en mosquiteros y comer la comida local. El siguiente paraje se llama Raistá, que es un pueblo misquito situado en la costa, donde se termina de pasar la última noche.

El último día se va hacia Pueblo Nuevo a bordo de una lancha. Desde este sitio se toma un vehículo todo terreno que atraviesa la playa y después una calle de tierra hasta que se llega en unas cuetro horas, a Tocoa. El viaje termina en La Ceiba, donde los viajeros siguen hasta su destino final.

Para realizar este viaje, hay dos modalidades: una económica y otra más exclusiva. Los grupos ideales, según los organizadores, son los compuestos por diez personas o más, ya que los costos unitarios bajan y el efecto benéfico del viaje, en cuanto a beneficiar a las personas que trabajan dentro de esta ruta de aventura, es más elevado.

La Mosquitia, desde antaño ha sido un territorio poblado por indígenas, mestizos y garífunas muy simpáticos y buenos anfitriones con los turistas. Lo más lamentable de todo, es que el único dato de que disponemos para tratar de contactar a los organizadores de este viaje por la selva, es el nombre de uno de los organizadores: Jorge Salaverri.

Vía/ Elheraldo